ASIA, CHINA, CHINA EN 25 DÍAS, Sin gluten

Viaje por China en 25 días: PINGYAO y tren nocturno a BEIJING

Ya hemos pasado el ecuador del viaje y tras ver los Guerreros de Terracota en Xi´an y echar un café, nos vamos a la estación del norte para coger un tren hacia Pingyao. El tren sale a las 19:05 y llega a las 21:57 horas a la estación Pingyaogucheng. Precio del billete, 18 €.

Como llegamos de noche, solicité en el hotel que nos vinieran a buscar para no perder mucho tiempo. Cogimos un hotel tradicional en el centro histórico a unos 10 minutos andando de la calle principal.

Pingyao 平遥 fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco en el año 1997.

Se llama Pingyao Longyuan Inn y calidad -precio está genial. La habitación que nos dieron para tres resultó algo pequeña, pero te puedes apañar. No tiene grandes lujos pero tiene mucho encanto y sientes que estás en un típica casa china.

El día que llegamos era la final del Mundial de Futbol, Croacia-Francia. Le expliqué a la chica que nos gustaría verla en algún bar, así que llegamos al hotel, dejamos las maletas y su hermano nos acercó a un lugar a unos 5 minutos en coche donde habían montado una pantalla gigante y había un montón de ambiente.

Al no haber reservado no teníamos sitio para sentarnos, pero nos dio igual. Había dos puestos de brochetas de carne, así que algo podíamos cenar. Era como estar en la cena de un pueblo en fiestas y nosotras unas de los pocos extranjeros que había en el recinto.

img_3490

Nos miraban alucinados y se volcaron en ayudarnos para encontrar sillas para nosotras. Empezamos el partido de pie, y lo acabamos con mesa, sillas con funda y lazos (probablemente de un hotel cercano) y en primera fila. En China tienden a agasajar al extranjero en este tipo de cosas, y aunque le insistimos que no era necesario, no hubo manera de negarse a tanta amabilidad.  Lo pasamos genial, y aunque he de decir que iba con Croacia, nos alegramos igual de que finalmente, ganara Francia, que oye, son nuestros vecinos ¿no?

Al hotel volvimos andando, porque en realidad, era una recta y al final ya ves la entrada de la muralla y a pocos metros, está el hotel. Con forme te adentras está un poco oscuro, pero en la puerta hay un farolillo rojo que te sirve de referencia.

La cama del hotel es un futón, un estilo de cama tradicional japonesa con un colchón sobre piedra. Aparentemente parece que no va a ser muy cómodo, pero luego no está mal.

Teníamos casi dos días para ver Pingyao, así que nos lo tomamos con tranquilidad.

Nos levantamos y salimos a callejear. Sus calles están rodeadas por una de las pocas murallas Ming aun intactas. Mide 6 kilómetros y tiene 6 puertas.

Sus calles son de piedra, sin asfaltar y desde que pones un pie en ellas, ves que esta ciudad, o por lo menos esta parte de ella, es otra China, una ciudad más rural y que ha sabido integrar lo nuevo y lo antiguo sin perder la esencia. Los ancianos te miran con cierta cara de asombro y con una media sonrisa.

Como no podía faltar, necesitábamos desayunar algo, y sobre todo, tomar nuestro café de por la mañana. Enseguida vimos un hotel que tenía restaurante en un patio precioso. Por si os interesa para desayunar o dormir, es el City Wall Old House Ji Residence Pingyao.

El desayuno está buenísimo. Mis amigas tomaron el desayuno americano y es muy completo. Yo tome arroz con huevo y tomate (platos sin gluten) y un café muy top. Cada una pagamos entre 4 € y 5 € y además, hablan algo de inglés.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El día lo estábamos empezando bastante relajadas, que también viene bien cierto relax y esta ciudad pintaba que era perfecta para no pensar mucho, ya que más o menos está casi todo dentro del recinto amurallado. Visitar Pingyao es gratis, solo hay que pagar si quieres visitar algunas casas tradicionales, museos y una parte de la muralla.

Hay varios puestos para comprar el ticket en la ciudad y cuesta 130 Rmb y 65 Rmb con carnet de estudiante. El primer día preferimos ir sin rumbo fijo y al día siguiente ya veríamos.

La calle principal es Nan Dajie, peatonal y con un rollito especial. Tiene restaurante y tiendas variadas, y sus casas y tejados  tienen una gran riqueza arquitectónica. Muchas de ellas conservan su estructura de madera. En la misma calle encontrarás la City Tower.

Por sus calles vas viendo puestos de comida, tiendas donde venden vinagre en vasijas (luego ya fuimos viendo que lo usaban mucho en la comida), entradas a los distintos museos (de pago), tiendas de artesanía de las que te llevarías unas cuantas cosas de recuerdo, ropa típica china, si rebuscas puedes encontrar pantalones y vestidos que bien podrían ver en algún escaparate de alguna famosa marca española. En estas calles vimos tiendas que nos gustaron bastante y nos detuvimos algún tiempo.

Para comer, tras mirar unos cuantos restaurantes, volvimos a la calle principal, y fuimos a uno que tenía pizza para las chicas y una ensalada de atún muy rica para mi, gluten free.

Nada más salir una chica le pidió a Silvia una foto. En esta ciudad quizás hay algo menos de turismo y por eso nos pidieron bastantes fotos, aunque los que hayáis viajado por Asia habréis vivido este tipo de peticiones.

Por la tarde nos llovió durante un rato, pero bajo nuestros paraguas seguimos recorriendo la ciudad. De pronto nos encontramos frente a una iglesia católica con una Virgen. Allí había tres o cuatro señoras bajo un porche resguardadas de la lluvia y, no se si rezando.

Cerca de esta zona estaba la Pared de los Nueve Dragones y, a unos metros, el Templo de Confucio.  Es una de las visitas típicas en la ciudad, pero nosotras no entramos.

Fuera de la zona amurallada están los templos Zhenguo y Shuanglin.

De pronto se puso a llover un poco más fuerte, y llevábamos un rato viendo locales en los que unas amables señoras te ofrecían un masaje. No se nos ocurrió nada mejor que entrar a uno de ellos. He leído muchas veces que no entres a cualquier sitio a que te hagan un masaje porque puedes salir peor de lo que entras pero bueno, allí estábamos y con el traductor elegimos masaje de espalda relajante durante media hora por 20 Rmb (al cambio 2,50 €).

A mis amigas les tocaron dos chicas algo brutas, porque empezaron suave, pero de pronto empezaron a darles golpes con el puño cerrado y algún grito echaban. La mía, la verdad que bien. Ellas con su poco inglés nos decían que necesitábamos media hora más aplicando otra técnica porque teníamos la espalada fatal y, no veáis como insistían diciendo todo el rato: – “no good” “more, more”. Relajarnos, no mucho, pero reírnos nos reímos bastante intentando entendernos con ellas.

De aquí continuamos sin rumbo y tras pasar por otras de sus torres aparecimos en un pequeño parque junto a una parte de la muralla. Cuando empezaba a atardecer, volvimos dos calles más allá hacia la principal y todos los farolillos rojos que habíamos visto por el día estaban encendidos y daban una visión de la calle preciosa, una estampa china total. Entramos a un bar en los que hay música en directo y nos tomamos algo. Cantar la verdad que no lo hacen mal y había buen ambiente. Estuvo bien para acabar el día.

Volver a nuestro hotel nos costó unos diez minutos caminando, ayudadas un poco por la app maps.me.

A la mañana siguiente, volvimos a desayunar al mismo sitio, el City Wall Old House Ji Residence Pingyao. Antes de salir justo nos encontramos primero con una pareja de Bilbao, muy majos y después con una señora de Venezuela, un encanto también. Estuvimos hablando bastante rato, contándonos las experiencias de nuestro respectivo viaje por China y anécdotas. Ambos dormían allí y estaban encantados con el hotel.

Hoy si compramos el ticket para ir entrando a los museos y casas tradicionales.

Lo primero que hicimos fue subir a la Muralla y ver las vistas de la ciudad.

El calor hoy era intenso, así que ir entrando en lo que te ofrecía la entrada te daba un respiro.

El Museo Tianajixiang, además de exponer objetos locales te permite ver una bonita vista de los tejados de Pingyao. Es verdad que cada estancia y patio al que entras es muy similar al anterior, pero cada uno tiene alguna curiosidad. En uno de ellos había que bajar a unos túneles subterráneos que te llevaban a una sala donde en el centro había algo similar a un totem con una serpiente que lo rodeaba (que me perdone la gente que sabe lo que es por mi descripción). Todos ellos daban vueltas apoyando su mano izquierda mientras recorrían la serpiente y nosotras, por imitación, lo hicimos. En un patio por 10 Rmb, podías tirar con un arco antiguo o ver a un señor haciendo caligrafía china.

Comimos en un restaurante chino, arroz, coliflor y un plato de ternera con verduras. Sobre las cinco había quedado con la chica del hotel para pasar a buscar las maletas y cuando pudieran, nos llevarían a la estación de tren. Mientras esperamos cargando los móviles, la señora del hotel nos iba trayendo te caliente, que a pesar del calor, te acabas acostumbrando. Nos llevó el que creo era su marido, de forma gratuita.

A esta estación no hace falta que llegues con mucha antelación, es muy pequeña, pero si quieres comer algo, hazlo antes en la ciudad, porque aquí hay muy pocas cosas. Nosotras ya teníamos los billetes comprados, compramos casi todos los billetes de vez un día para evitarnos las colas en cada ciudad. Si tienes la ruta decidida, es una buena idea.

Nada más llegar nos saludó Stephanie, una chica canaria encantadora. Estaba viajando sola y venía de estar dos semanas en Mongolia y unos días por Beijing. Nos estuvo contando y nos pareció una experiencia increíble. Ella iba hacia Xian, Chengdu… justo al contrario que nosotras así que le contamos un poco como moverse por allí y nos dimos el móvil. Pasamos un rato muy agradable y ya nos despedimos, que salía nuestro tren nocturno hacia la capital de China, Beijing o Pekin para los españoles.

Este fue nuestro compartimento de 4 con litera blanda. El tren salía a las 20:02 horas y llegaba a las 05:14 horas a la Estación del Sur de Beijing. El precio del billete fue de 274 Rmb cada uno, casi 35 €. Es bastante cómodo pero lo malo es que el tren va parando en otras ciudades y coincidió que en nuestra cuarta cama, durmieron dos personas distintas por lo que nos despertamos cuando entraban o salían. Si vas cuatro mejor y si no te importa gastar algo más de dinero,  compra el billete de la cama que no uséis y así seguro que no entra nadie.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.